El periodista Jorge Uribe Navarrete murió este viernes en circunstancias trágicas después de estar afectado de una fuerte depresión, él un amigo de la Mesa de los Miércoles y amigo de nuestro Gato, ejercía como profesor de Periodismo en la Universidad de Santiago de Chile (Usach), realizaba colaboraciones periodísticas y pertenecía al Colegio de Periodistas. Fue reportero ,corresponsal y editor internacional del diario "Excelsior" de México, país en el que pasó varios años exiliado. André Jouffé escribió este fin de semana "Tu partida me desgarra y me confunde. Contigo o nos veíamos a cada rato o pasaban años. Quizás debí ir el jueves a la casa de tu hermana, pero como fuiste al club de Tobi el miércoles pensé que estabas bien.
Jorge, doctor, profesor, periodista, agarraste cuanto titulo fue posible. Y amigos que jamás, jamás te olvidarán. Menos este, la gorda juffesa, el abajista que nunca e hizo caso en seguir siendo pituco porque eso vendía más que tratar de ser upeliento a estas alturas. Descolocado, me decias. Adiós Ángel Jorge, soy incapaz de escribir una línea más".
Murió Jorge Uribe. Da lo mismo cómo, porque lo que interesa es su vida.
Uribe fue de esos periodistas que no querían que le contaran cuentos: quería contarlos él. Y para eso hay que estar en el lugar de los hechos.
Por eso estuvo en el epicentro del golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973. Por lo mismo, tuvo que marchar al exilio, tras pasar algún tiempo eludiendo la represión que cayó sobre todos quienes fueron colaboradores del Presidente Salvador Allende.
En el país del tequila y el mezcal, Uribe se puso nuevamente las botas para el combate periodístico, esta vez desde Excelsior, el diario por el que pasó la historia de México del siglo XX.
Su estilo extravertido y amistoso calzó bien con la cultura mexicana, lo que le permitió ponerse rápidamente a la cabeza de la red de corresponsales. Allí le tocó seguir y cubrir los conflictos más agudos de la guerra fría.
Uribe era un reportero puro y duro, dispuesto a traspasar su experiencia de generación en generación, como tantos otros reporteros anónimos que van escribiendo la historia, de primera mano.
lunes 14 de enero de 2008
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1 comentarios:
A la memoria de Jorge Uribe Navarrete
“Usted, profesor Uribe, es un arrogante. Camina con su pecho inflado, es chico y, más encima, mira por debajo a todos los que se le cruzan”. Él simplemente me respondió con su mirada. Quedó muy descompuesto. Nunca lo había visto así.
Sólo me había preguntado qué opinión tenía de él, mas la respuesta que le di fue categórica, una declaración de guerra, de esas que lo apasionaban.
Este relato corresponde al primer semestre del año 2002. Junto a mi reducido curso, nos juntábamos en su oficina para que nos enseñara acerca del Periodismo Informativo, en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile.
Desde ese día hubo una conexión especial con el autodenominado creador del lead “esperpéntico”, que se inicia con un “Prrrrrrrrrrr” o “Ratatatatatata”, imitando el sonido de las balas. Nos enfrentábamos personalidades opuestas, sobre todo por nuestras creencias religiosas, pero siempre hubo mucho respeto. Al final del semestre, con su particular voz de pito, me dijo: “Vó, guatón canuto, vay a ser mi ayudante”.
Ser ayudante de Uribe era subir un escalafón en la élite de la Escuela, pero no me seducía del todo la propuesta. Su estilo no era de mi entero agrado, además lo veía falto de chispa para hacer las clases. Sólo quería jubilar (un anhelo que logró). De todas formas, asumí el reto.
El “Profe” era ególatra. Siempre nos contaba de sus aventuras en México, cuando escribía en el diario Excelsior, y de lo famoso que fue en tierras aztecas, donde incluso los cajeros del banco lo reconocían al ver su nombre en el cheque. Capítulos especiales eran sus tiempos de monaguillo y estudios de Derecho. Su orgullo lo hacía inflarse al tope cuando recordaba la entrevista que realizó a Saddam Hussein y sus episodios como corresponsal en la guerra del Golfo Pérsico. También, siempre mostraba una serie de sus artículos que publicó La Nación.
Pero lo que más tenía marcado en su vida como periodista fue cuando trabajó en La Moneda como asesor comunicacional del Presidente Salvador Allende. Aquel 11 de septiembre vio cómo caía su sueño de un país justo. Desde ese día supo que el exilio sería su futuro.
Sin duda que ya no era el mismo, incluso estuvo casi un semestre completo con licencia médica por sus problemas depresivos. Incluso hasta su característico bigote desapareció.
Su última gracia fue el día de mi examen de grado, en abril de 2005. Él estaba dolido por no pedirle ser mi profesor guía de tesis. Nunca me lo dijo. De todas formas, sentí su particular afecto cuando en medio de la exposición entró, miró, se sentó, no alcanzó a estar más de cinco minutos y se fue haciendo ruido con su celular. Alguien lo esperaba. Esa fue la última vez que vi su humanidad de un metro 65 centímetros, muy bien maquillada con su personalidad de un metro 85.
Jorge, gracias por lo que me entregaste. Dios te bendiga.
Héctor Orellana Flores, periodista Usach.
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